Ricardo García

¿Turismo para quién? Alcalá en Fitur 2026:

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Entre el éxito de marca y la «expulsión» del vecino

Domingo, 25 de enero de 2026

Esta semana, Alcalá de Henares vuelve a brillar en los pabellones de IFEMA. Con el lema de «Un nuevo impulso», nuestra ciudad se vende al mundo como el destino total: cine, gastronomía y patrimonio. Pero, mientras las fotos oficiales inundan las redes, surge una pregunta que ya no se puede ignorar: ¿Está este éxito turístico mejorando la ciudad o simplemente convirtiéndola en un escenario hostil para quienes la habitan?

El éxito en IFEMA, el ruido en la calle

En Fitur se celebra la capacidad de Alcalá para organizar macroeventos, pero hay una realidad que no sale en los folletos: la creciente presión sobre el residente. Un ejemplo claro es el ciclo de Conciertos de la Muralla.

Lo que para el turista o el visitante ocasional es una noche de ocio, para cientos de vecinos se ha convertido en un calvario de contaminación acústica. Sin un control estricto de los decibelios y, sobre todo, sin una gestión real del «post-concierto» (el ruido de desalojo, las botellonas en zonas aledañas y el vandalismo residual), la Muralla deja de ser un monumento para ser una fuente de estrés.

El éxito de un evento no puede medirse solo en entradas vendidas, sino en cuántos vecinos han perdido el sueño para que el ayuntamiento se cuelgue una medalla.

La «trampa» del empleo turístico

Como señalaba recientemente un análisis de Infobae, la apuesta única por el turismo suele traer consigo una caída en la calidad de vida. En Alcalá, la hostelería ya es el principal motor de contratación, pero es un motor que funciona a bajas revoluciones salariales.

Mantenemos una estructura de empleo basada en la temporalidad y los sueldos bajos, mientras el precio del alquiler en el centro histórico se dispara un 10% anual debido a la proliferación de pisos turísticos. Estamos creando una ciudad donde el joven complutense sirve copas a los turistas, pero no puede permitirse vivir en el barrio donde trabaja.

Los retos urgentes: Más allá de la foto

Si el «nuevo impulso» del que se habla en Fitur es real, debe incluir medidas que protejan al ciudadano:

  • Control real del ruido: No basta con medir los decibelios en el escenario; hay que auditar el impacto en las viviendas colindantes y limitar el número de eventos de alta intensidad sonora.
  • Moratoria de Pisos Turísticos: Antes de que el Distrito I se convierta en un hotel fantasma, es necesaria una regulación que priorice el alquiler residencial.
  • Fiscalidad del Turismo: Que los beneficios del turismo reviertan directamente en la limpieza y seguridad de los barrios que más sufren la presión, no solo en más promoción exterior.

Conclusión: Una ciudad, no un decorado

Alcalá es Patrimonio de la Humanidad por su historia y su vida, no por ser un recinto ferial permanente. Si permitimos que el ruido de los conciertos y la rentabilidad de los Airbnb pasen por encima del derecho al descanso y a la vivienda de los vecinos, la ciudad morirá de éxito.

Aprovechemos Fitur para atraer visitas, pero trabajemos en casa para que, cuando el turista se vaya, el alcalaíno no se encuentre con una ciudad más vacía, más ruidosa y más cara.

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